sábado, 23 de mayo de 2015

Los vilipendiados simios de la Criptozoología

Los periodistas no tienen por qué tener un mínimo conocimiento sobre Criptozoología, pero igual que se informan lo mejor posible sobre otros temas, también podrían hacer lo mismo cuando deciden escribir sobre ello.

Llamar al Yeti “Sasquatch”, “Pies Grandes” u “Orang Pendek”, o englobarlo todo como sinónimos de lo mismo, suele ser una costumbre muy extendida. Si tan solo teclearan cada palabra por separado e indagaran un poco sabrían que cada denominación hace referencia a una criatura en concreto de una parte del mundo. Pero es que este error hasta se comete habitualmente en el mundo del misterio.

El caso es tomarse con poca seriedad o a risa todo esto, referirse a fantasiosos buscadores de monstruos, menospreciar una pseudociencia más, que en realidad y como he podido observar en primera persona interesa a más científicos de los que podamos imaginar, pero que por precaución no se atreven a pronunciarse sobre el tema.


-  Yo como biólogo, no puedo escribir ni pronunciarme favorablemente sobre la Criptozoología si quiero mantener intacta mi reputación – me decía un hombre de ciencia al que le había encantado mis dos obras sobre los animales ocultos.

Afortunadamente, esto va cambiando poco a poco, aunque he de admitir que no deja de sorprenderme el hecho de que mi primer libro sobre Criptozoología apareciera junto a la obra de Rafael Alemañ (Criptozoología: Cazadores de Monstruos) reseñado positivamente en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural.

Por otra parte, si uno se fija en las diferentes noticias referidos al asunto, hasta parecen transmitir felicidad en decir que todo es una gran mentira, que nunca ha habido misterio alguno en el Himalaya y que Yeti y Bigfoot ni existe ni ha existido nunca. Solo hay que ver el titulo de un artículo de la BBC: “Los pelos que desmienten la existencia del yeti”.


Resulta que en 2012 un equipo de científicos de las Universidades de Oxford y de Lausana (en Suiza) anunciaba que iban a reunir las pruebas que se tenían sobre los legendarios homínidos que había por el mundo para intentar descubrir que había detrás de todos ellos, en concreto realizando pruebas de ADN.

Los resultados fueron en general decepcionantes. La mayoría hablaba de comunes mamíferos de todo tipo, incluido el hombre. No obstante, dos muestras de cabello parecían coincidir sorprendentemente con un pariente lejano del oso polar, que se extinguió hace más de 40.000 años. Pero un año después, se determinaba, como no, que las primeras pruebas habían sido erróneas, y que en realidad los cabellos pertenecían a una subespecie de oso del Himalaya.

Pues bingo, ya lo tenían. En base a unos simples pelos la ciencia más ortodoxa podía asegurar por fin que el Yeti (ni ninguna criatura simiesca del mundo en general) no había existido nunca, que en todo caso, simplemente era un oso. Ya no valían para nada, ni las misteriosas huellas halladas durante décadas ni los cientos de encuentros por parte de europeos y locales durante tantísimos años. Ni tampoco claro está las palabras a favor de Jane Goodall y David Attenborough.

La mayoría de criptozoólogos opinan que el yeti podría ser un 
descendiente del extinto Gigantopithecus, que era dos 
o tres veces mayor que un gorila pero más 
parecido a un orangután. 
Imagen de Frank Lode

Conviene recordar que hay especies en los catálogos de zoología de las que solo se tiene un ejemplar, encontrado este con mucha fortuna, y que sin ese hallazgo, nadie hubiese echado en falta su existencia. De no haber sido hallado ese holotipo, ¿querría ello decir que no existió? Y también hay especies extintas hace tiempo cuya existencia se dedujo a partir de unas huellas fosilizadas. Si estas huellas nunca se hubiesen encontrado, ¿querría decir también ello que esos organismos nunca existieron?

Reconozco que los propios criptozoólogos no ayudan demasiado con sus desbordadas emociones, que ha habido muchos vendedores de humo en todo este asunto, que se han lucrado gracias a la inocencia de muchos creyentes, hasta que extraña bastante que cada pequeño rincón remoto del planeta tenga su propia criatura simiesca. Pero por otra parte no puedo entender el obcecado negacionismo en lo que refiere a la Criptozoología. Es cierto que sin pruebas más concretas debemos ser cautos, pero en base a lo que he comentado anteriormente, la no existencia de estas no quiere decir ni mucho menos que estas criaturas nunca hayan sido una realidad.

En el centro Bernard Heuvelmans, 
padre de la Criptozoología

Por mi parte, sigo firme en mi teoría expuesta en “La esfinge de Darwin y otras historias asombrosas de la Criptozoología”. Es posible que Yeti y Bigfoot sean los últimos reductos de unas especies en decadencia, que fueron más comunes hace unos miles de años, y que ahora afrontan sus últimos días o han acabado extinguiéndose hace tan solo unas décadas. ¿Qué sentido tiene pues que por toda Norteamérica numerosos pueblos nativos describan en sus tradiciones a seres simiescos? Incluso de haberse extinguido hace mucho más tiempo, haber podido sobrevivir en la memoria colectiva de los lugareños. De hecho, así lo hizo entre los maoríes la extinta águila de Haast tras su desaparición, reflejada en su mitología en forma de un aterrador ser volador que mataba humanos. En la realidad, cuando la rapaz se quedó sin moas que cazar, comenzó a alimentarse de maoríes.

Ahora no queda otra que seguir esperando. Recapitulando, tal vez todo sea una mentira, o tal vez terminen apareciendo pruebas mucho más convincentes de las que albergamos. O de existir esas pruebas, nunca aparezcan. O lo mismo mandamos el planeta a la mierda antes de que sepamos cualquier verdad.

jueves, 21 de mayo de 2015

El lado más oscuro de los nativos norteamericanos

Acostumbrados a que el cine y la literatura nos haya pintado a los nativos norteamericanos como pacíficos habitantes de las praderas que, hasta la llegada del hombre blanco, habían habitado en armonía con el medio natural, hay que reconocer que cuesta hacerse una idea algo diferente a esta estampa.

Es cierto que los indios habían contraído una envidiable unión con la naturaleza, pero no debemos olvidar que al fin y al cabo también eran humanos. Y con humanos me refiero al peor sentido de la palabra.

Mucho antes de que la lamentable colonización blanca hiciese acto de presencia en Norteamérica, los nativos llevaban ya tiempo inmersos en ancestrales enemistades tribales. Tras las guerras podía haber un especial ensañamiento hacia los derrotados. Se arrancaban cabelleras, se apoderaban de partes corporales como trofeos, se cometían violaciones, mutilaciones y torturas, y se arrancaban y comían corazones para contraer la fuerza de sus contrarios. Pero al fin y al cabo estos actos se han repetido en guerras tribales de todo el planeta.

Indios mutilando los cuerpos de sus enemigos vencidos, 
según Jacques Le Moyne de Morgues

Algo más terrorífico y premeditado, en base a la actual concepción occidental que tenemos de la vida, se cocía (nunca mejor dicho) entre los Anasazi del suroeste norteamericano.

En base a trabajos arqueológicos llevados a cabo en esta región de los Estados Unidos se sabe que entre el 900 y el 1300 de nuestra era hizo aparición una especie de epidemia de canibalismo. Dado que las prácticas antropófagas eran más antiguas en México que en el suroeste estadounidense, cabe la posibilidad de que estas fueran introducidas desde el sur.

Las evidencias de canibalismo entre los Anasazi han sido deducidas a partir de lesiones halladas en los restos humanos; la mayor parte de ellos corresponden a desperdicios óseos abandonados en el suelo de habitaciones o salas ceremoniales. Lo más destacado de todo es que no se han encontrado pruebas de que las víctimas o sus restos hubiesen recibido humanidad o consideración alguna. De hecho, tales fosos pudieron haber sido cavados con la intención principal de esconder los desechos óseos sin que estos fuesen tratados con dignidad y respeto. La carne de las víctimas era cocida o asada según se aprecia en la presencia simultánea de huesos abrasados y de extremos de trozos pulidos.

Las impresionantes ruinas de Mesa Verde, al sudoeste de Colorado, 
antiguo hogar de los indios Anasazi

¿Y a que se debió este canibalismo? Cuatro son las hipótesis principales que intentan explicarlo, ya sea una de ellas la solución o una combinación: hambrunas extremas, patología social, control de población y costumbres rituales.

En base a las investigaciones de Turner y Turner, podemos descartar las hambrunas extremas y las costumbres rituales, pues en este último caso solo se encontró un lugar donde las lesiones óseas eran debidas a algún tipo de ceremonia. Quizás sea por tanto las hipótesis de patología social y de control de población las que cobren mayor fuerza, sin que hasta el día de hoy hayan sido estas esclarecidas del todo.

Según los antropólogos el control social suele ser útil y positivo, pero también puede ser negativo, hasta el punto de que los que lo pusieron en práctica acabaran teniendo sus días contados. Los aztecas realizaban un control poblacional mediante sus sacrificios rituales de esclavos. Según Sahagún (1932) luego estas víctimas eran desmembradas y distribuidas en estancias donde se comía la carne. Fue por ello por lo que una amplia unión de pueblos indígenas, blanco habitual de los aztecas, se unió a Hernán Cortés y su reducido grupo de acompañantes en la sangrienta conquista de Tenochtitlán, la gran capital  mexica.


Los restos humanos encontrados muestran marcas de cortes y abrasiones 
muy similares a las que se observa en los huesos de animales 
que han sido consumidos

Aparte de esto, hay más informes históricos que hablan de combates con el propósito de obtener presos destinados a la alimentación en el norte de México.

Por otro lado, según una leyenda hopi, hacia el 1700 de nuestra era algunos mismos indios hopi, urgidos por el jefe de los awatovi, se ensañaron en secreto con la aldea, mataron a la mayoría de los 800 componentes, apresaron a algunas mujeres y niños, y posteriormente, en otro paraje aislado, acabaron con ellos mediante prácticas de tortura, incluyendo mutilaciones y desmembramientos. Esto dejó de ser una leyenda cuando se descubrió tal área apartada con osamentas que presentaban lesiones. Y en base a ciertos análisis se descubrió que tras la violentamente muerte de los cautivos se practicó canibalismo.

Y existen en realidad más pruebas a lo largo de toda la geografía norteamericana de prácticas similares, pero describirlas todas haría este artículo interminable.

Por último conviene hacer hincapié en que esta información aquí expuesta para nada tiene una pretensión xenófoba, más para unos pueblos indígenas que en mi opinión son los más interesantes y espectaculares del globo. Por tanto, el único interés en hacer hincapié en estas verdades pocas veces contadas es puramente antropológico.


Fuentes:
- El canibalismo prehistórico en el suroeste de Estados Unidos. Christy G. Turner y Jacqueline A. Turner. 
- http://sabersiocupalugar.blogspot.com.es/2015/03/el-misterio-de-los-anasazi.html
- http://www.terceracultura.net/tc/?p=6633


sábado, 16 de mayo de 2015

Descubren un pez de sangre caliente

El que tiene una mínima idea de animales sabe que los mamíferos y las aves tienen sangre caliente y que los reptiles y peces poseen sangre fría. Pero como ocurre con casi todo en este mundo, siempre hay excepciones.

Hasta ahora se sabía que peces como el atún, el pez espada y algunos tiburones consiguen mantener algunas partes de su cuerpo calientes, como músculos, ojos o  el cerebro, algo que es conocido como endotermia regional. Lo que no se conocía era algún caso de un pez que fuese 100 % de sangre caliente.

Según investigadores estadounidenses de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), se acaba de descubrir que Lampris guttatus, el pez luna real, que se encuentra en profundidades oceánicas, posee esa característica tan especial. Parece que la temperatura del cuerpo de este pez está cinco grados centígrados por encima del agua en la que se mueve; ello le permite nadar más rápido y ver mejor, cuando por norma general los peces que viven en aguas profundas y frías son lentos y perezosos.

Un pez luna real en manos del investigador 
de la NOAA Nicholas Wegner

No obstante, a este gran descubrimiento no le han faltado detractores, los cuales dudan de que el pez luna real sea de verdad 100 % de sangre caliente. En todo caso, se trataría de otro caso más especializado de endotermia regional, pues una temperatura más elevada que la del agua en la que habita no se observa en partes como aletas o la superficie de sus ojos.

A la espera pues de que los científicos comprueben si finalmente el pez luna real es el primer pez de sangre caliente conocido, si podemos certificar que hay una característica única en este animal: su habilidad para mantener el corazón caliente. Cuando otros peces que presentan endotermia regional como los atunes, tras nadar a buena profundidad deben subir a la superficie para aumentar su temperatura y no ralentizarse, esa habilidad le da a nuestro protagonista demasiada ventaja sobre los demás casos.


Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/05/150504_ciencia_pez_luna_real_sangre_caliente_jg

miércoles, 6 de mayo de 2015

Mariposario de Benalmádena

Si eres un apasionado de los lepidópteros, una buena oportunidad para poder observar especies exóticas sin la necesidad de recorrer el mundo es acercarse al Mariposario de Benalmádena, en Málaga.



El recinto, que en realidad es un templo tailandés, cuenta con unas excelentes instalaciones que recrean lo que sería una selva tropical, ideal para las mariposas que dentro se encuentran. Estas vuelan a sus anchas siendo generalmente muy fáciles de fotografiar, ya que están acostumbradas a las personas. Lógicamente el visitante no puede tocarlas, pero a veces son ellas son las que vienen y se posan sobre ti.



El grupo más abundante es el de las mariposas diurnas, haciendo gala de un auténtico festival de colores. Da igual las veces que las veas, nunca te cansas de contemplarlas. 

Heliconius charitonius




Parides iphidamas

Morpho peleides

Papilio palinurus con un ala tocada

Especial lugar ocupan las mariposas nocturnas, representadas por dos notables especies. La primera es Samia ricini, originaria de Asia.

Samia ricini

Agrupación de S. ricini, las cuales al ser nocturnas reposan durante el día. 

Una hilera de S. ricini

La segunda sin duda alguna es la estrella del templo: Attacus atlas, citada a veces como la mariposa más grande del mundo, originaria también de Asia. Descansando prácticamente inmóvil, los visitantes tienden a creer que no son reales. Esta de la foto llevaba unas 24 horas fuera de la pupa sobre la que todavía seguía aferrada. Vivirá aproximadamente una semana.

Attacus atlas

El lugar además es muy didáctico, tanto para niños como para adultos. Allí puede observarse el ciclo de vida de los lepidópteros, desde la reproducción hasta la emergencia, pasando por la alimentación.

Dryas iulia

Idea leuconoe

Emergencia de Caligo memnon


Orugas

El recinto además cuenta con la presencia de otros animales muy singulares, como un ualabí, tortugas, iguanas, camaleones y peces koi.








En definitiva un lugar de recomendada visita, tanto para los aficionados a las mariposas como para los amantes de la naturaleza en general.


martes, 28 de abril de 2015

Los Sentineleses; la tribu detenida en el tiempo

Imagina que tú y toda tu familia, incluyendo toda clase de parientes, habéis vivido aislados en una isla desde hace miles de años. ¿Cómo os las habríais arreglado para perdurar hasta nuestros días? Se lo podríamos preguntar a los sentineleses, si no fuese porque, no sin razón, tanto nosotros como todo el mundo exterior les pone muy violentos.

Resulta que en la Bahía de Bengala existe un archipiélago en el que se halla la isla Sentinel del Norte, en la cual habita una sociedad indígena que prácticamente vive en el Paleolítico.  Se cree que podrían haber llegado allí hace unos 60.000 años desde África, y desde entonces apenas han tenido contacto con el exterior.

Isla de North Sentinel en una imagen de la NASA/Wikipedia

La primera referencia conocida sobre sus habitantes procede de Marco Polo que en el siglo XIII escribía: “Si un extranjero llega a sus dominios este será rápidamente muerto y después comido”. No obstante no hay forma de asegurar que los sentineleses practiquen el canibalismo. Posteriormente, ya en el siglo XVIII, el explorador británico John Ritchie tras cartografiar los alrededores de la isla habla de que esa tierra debe estar bien habitada, en base a las numerosas luces que en la noche se veían en la costa. Esta cita podría ser motivo de debate ya que sobre estos nativos se suele asegurar que no hacen uso del fuego.

Tuvo que pasar más de un siglo para que se registrara el primer contacto con el hombre blanco. Fue una expedición dirigida por M.V. Portman la que desembarcó en 1880 en la isla. La empresa llevaba consigo a varios nativos de islas vecinas que avisaron de la hostilidad de los sentineleses. En realidad no se sabe mucho de este acercamiento, solo que fue un fracaso ya que los locales huyeron a refugiarse entre la espesura vegetal. Por ello tal vez no podamos hablar de un contacto real.

El siguiente acercamiento conocido, también por Portman en el año 1886, terminó de la misma manera, con los sentineleses otra vez escondidos. Nueve años después el británico volvió a desembarcar en la isla llevando consigo a un supuesto sentinelés que, habiendo dejado su tierra en canoa años atrás, se había criado con los Onges de las islas Quince. Finalmente dieron con algunos habitantes que navegaban en canoa cerca de la punta noroeste. Tanto el sentinelés que viajaba con Portman como algunos Onges que también le acompañaron intentaron entablar relaciones mediante llamadas, pero los escurridizos habitantes mostraron signos de miedo y hostilidad. Para no provocar males mayores el grupo expedicionario decidió abandonar la isla y regresar.

Foto: Christian Caron-Survival International

El siguiente encuentro entre blancos y sentineleses terminó aún peor. En 1896 tres reclusos escaparon de Port Blair llegando hasta Sentinel del Norte. Dos de ellos se ahogaron entre los arrecifes que rodean la isla, pero el superviviente no corrió mejor suerte. Fue asesinado por los locales y su cuerpo abandonado en la playa, que fue luego recuperado por un barco británico que lo encontró.

A lo largo del siglo XX los encuentros conocidos han sido muy escasos. Lo cierto es que además de sus malhumorados guerreros la llegada a la isla se ve dificultada por unas bravas e impredecibles aguas y un casi impenetrable muro de peligrosos arrecifes coralinos. Este hándicap hace que durante la mayor parte del año la isla sea inaccesible, y cuando lo es, tampoco sea fácil llegar hasta ella. Por ello los marineros la han conocido y temido desde siempre.

Fue finalmente en la segunda mitad del siglo XX cuando la isla comenzó a llamar la atención de los antropólogos e investigadores. El 29 de marzo de 1970 un equipo de antropólogos indios con T. N. Pandit entre ellos se desplazó hasta aquella tierra paralizada en el tiempo. Ofrecieron pescado a los nativos arrojándolo desde una embarcación. Sin dejar de lado su conocida hostilidad algunos nativos lo recogieron mientras emitían gritos. Los miembros de la expedición les respondieron con gestos de amistad, pero la tensión seguía latente. Entonces ocurrió algo muy extraño: las mujeres empezaron a agarrar a los guerreros y comenzaron a abrazarse apasionadamente sobre la arena. Después de un rato esta fogosidad fue disminuyendo hasta retirarse las parejas hacia el interior de la jungla. No obstante algunos guerreros siguieron vigilando a aquellos extraños. Los investigadores arrojaron algo más de pescado que fue recogido por algunos jóvenes, hasta que todos se retiraron.

Un sentinelés agradece a su manera los regalos 
que los extranjeros les han dejado

La siguiente conexión acabaría en desastre. En la primavera de 1974 un equipo de antropólogos, en el que se incluían policías armados y un fotógrafo de National Geographic, se disponía a realizar un documental en la isla, que se titularía “Man in search of Man”. Cuando la lancha consiguió abrirse paso entre los arrecifes, rápidamente y de la nada apareció un grupo de nativos. A pesar de intentar evitarlo mediante gestos amistosos, los sentineleses les respondieron con una lluvia de flechas. Cuando la lancha se alejó de esa zona a una más segura desembarcaron y dejaron unos desacertados regalos en la arena: algunos cocos, un cerdo vivo atado, un pequeño coche de plástico, una muñeca y papel de aluminio. Tras volver a la lancha esperaron para ver la reacción de los isleños. Y otra tanda de flechas fue lo que recibieron, alcanzando una de ellas al director del documental en el muslo izquierdo. El nativo que hirió al director se sentó sonriente y orgulloso a la sombra de un árbol, y poco tiempo después sus camaradas se retiraban llevándose consigo solo los cocos y el papel de aluminio.

También en 1974 se intentó un encuentro más, esta vez trayendo a 3 nativos Onge, que entre el pánico de estos y la inamovible hostilidad de los sentineleses resultó infructuoso. No se pudo siquiera saber si los isleños entendían los mensajes de amistad que a través de un altavoz emitían los Onge. Un año después hasta el exiliado rey de Bélgica Leopoldo III tuvo su contacto  a una distancia segura mientras navegaba en un crucero nocturno por las aguas de la isla.

Cambiando de maniobra, con repetitivas expediciones y regalos como alimentos, en la década de los 90 los científicos finalmente lograron que los sentineleses se habituaran a sus viajes. De esta manera pudieron filmarlos, y sin ningún peligro, recogiendo los regalos.

Una filmación de la tribu realizada en los años 90

Pero entonces las voces críticas se alzaron contra estos avances. Lo que todo ello lograría sería una dependencia de los sentineleses hacia el mundo exterior, cuando por sí solos se las habían apañado durante tantísimo tiempo. Por todo esto los contactos cesaron de inmediato.

Al producirse el tsunami de 2004 en la costa asiática se encendieron todas las alarmas. ¿Habrían sobrevivido los primitivos hombres a semejante catástrofe? Tres días después del desastre un helicóptero sobrevoló la isla en busca de supervivientes. Cuando los tripulantes del pájaro de hierro divisaron a un guerrero disparándole flechas y otros tirándoles piedras, pudieron respirar aliviados. En realidad no sabe qué población más o menos exacta de habitantes hay en la isla, ni hasta qué punto el tsunami de 2004 pudo afectar a esta.

Un sentinelés dispara con su arco al helicóptero que tras el tsunami 
de 2004 sobrevoló la isla en busca de supervivientes. 
Foto: Indian Coast Guard /AP

Hasta el día de hoy los sentineleses mantienen su ancestral esencia de cazadores-recolectores. Habitan en refugios muy simples o más elaborados con pisos elevados. Saben aprovechar los materiales que ausentes en la isla les suele traer la marea, como por ejemplo el hierro con el que fabrican sus armas y otros artículos. Y también siguen manteniendo la hostilidad que en gran parte les ha hecho populares: en 2006 le quitaron la vida a dos pescadores ilegales que llegaron hasta sus dominios.


Fuentes:
- http://lacienciaysusdemonios.com/2010/07/24/los-irreductibles-de-north-sentinel-island-la-sociedad-humana-mas-aislada-del-planeta/
- Wikipedia

miércoles, 8 de abril de 2015

El monstruo con mandíbulas y el golem

Si había una ilustración que hacía virguerías en la mente de mi más temprana edad esa era ésta:


Pertenece a un tomo de la colección Dungeons & Dragons: Aventura sin fin”, concretamente al título “El Tesoro del Rey” del año 1986. La poderosa criatura con mandíbulas en la boca está a punto de entablar un combate con un guerrero como de piedra que únicamente deja ver la parte posterior de su cuerpo. Según el libro en realidad son dos seres que van cambiando de forma, siendo anteriormente el monstruo con mandíbulas un dragón rojo y el otro un budín negro que acabaría transformado en un golem pétreo de tres metros de altura.


Ahora la veo y pienso que tampoco era nada del otro mundo. Pero de niño para mí resultaba increíble. Me encantaba llegar del colegio (y en cualquier momento en verdad) y abrir el libro hasta dar con tan deseada imagen, visualizarla una y otra vez, y las veces que hiciera falta. Quizás, como el resto de los mortales, cuanto más mayor me hago, más me va abandonando la fantasía… No obstante, jamás en toda mi vida he querido estar más equivocado. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Los últimos mohicanos de la Pirámide de Ball

Como bien indico en mi postrero trabajo “El libro de los últimos animales extintos”, el redescubrimiento de especies creídas extintas es más habitual de lo que podamos llegar a pensar. A un emblema de este agradable tipo de acontecimientos como el takahe, o a otras aves como el calao grande de Panay o el mochuelo de Blewitt, podemos sumar a otra volátil más, el timalí de Jerdon, que había sido visto por última vez en 1941. Denominado científicamente como Chrysomma altirostre, ha sido redescubierto por un equipo de científicos del Wildlife Conservation Society (WCS) mientras examinaba unas zonas de cultivo abandonadas en Myanmar, gracias a la llamada emitida por el ave. 

Timalí de Jerdon
El timalí de Jerdon redescubierto. Foto: Robert Tizard/WCS - Europa Press

En las investigaciones para mi citada obra, donde como ya he comentado trato el tema del redescubrimiento de especies creídas desaparecidas, pasé por alto un caso no tan actual como el del ave de Myanmar, pero que me ha parecido tremendamente fascinante.

En la inmensidad del Pacífico Sur asoma una pequeña parte de lo que fue un antiguo volcán que emergió del mar hace unos 7 millones de años. Se trata de un solitario pedazo de tierra firme, extremadamente estrecho, de 1844 metros de altura. Los navegantes lo conocen como Pirámide de Ball, nombre que proviene de su peculiar forma y de su descubridor, un oficial naval británico que por tanto fue el primer europeo en divisarlo en 1788. Esta isla, que bien podría pertenecer a un mundo sacado de la literatura fantástica, acabaría llamando la atención de la zoología mundial. 

Ball's Pyramid in the Tasman sea is located 19 kilometers from Lord Howe Island east of Australia.

A unos 13 km de este lugar se encuentra la Isla de Lord Howe, la cual tenía el triste placer de conocer por la extinción de dos aves: la paloma de garganta blanca y la gallineta blanca. Pero no solo desaparecieron allí un par de volátiles, sino también un insecto palo que sin duda era popular por sus dimensiones. Con sus 12 centímetros de largo se trataba del insecto palo no volador más pesado del mundo, el cual los pescadores locales utilizaban como cebo colocándolo en los anzuelos de pesca.

Resulta que un buen día de 1918 el buque británico S.S. Makambo naufragó en Lord Howe, y mientras reparaban el barco (proceso que llevo unos 9 días) algunas ratas negras se las apañaron para llegar hasta la isla donde se instalaron. Allí descubrieron una nueva y deliciosa comida: los insectos palo gigantes. Tan solo dos años después de tal infortunio, las ratas abundaban en la isla, y los titánicos invertebrados habían desaparecido totalmente. Después de 1920 no hubo ningún avistamiento más, y para 1960 Dryococelus australis, el insecto palo de Lord Howe, se certificaba como extinto. 

A satellite view of Ball's Pyramid in the Tasman Sea off the eastern coast of Australia.
Imagen captada por satélite de la Pirámide de Ball,
situada en el Mar de Tasmania 

Cuando en la misma década de 1960 algunos escaladores que llegaron a la Pirámide de Ball dijeron haberse encontrado con cadáveres de insecto palo en las rocas que parecían recientemente muertos, el maravilloso secreto que, a 225 metros sobre el nivel del mar y sobre un pequeño arbusto, la diminuta isla había guardado durante tanto tiempo, había comenzado a desvelarse. Pero como la que podría ser la especie creída extinta era nocturna, nadie se había atrevido a llegar hasta allí y escalar de noche debido a lo peligroso de la tarea.

Hasta 2001, cuando a tal escenario se desplazaron los científicos David Priddel y Nicholas Carlile acompañados de dos ayudantes. Desde el agua divisaron dos manchas de vegetación, y descartando nadar debido a que había demasiados tiburones, aunque hubiese sido lo más rápido y sencillo, consiguieron llegar a la isla. Se desplazaron a lo más alto de la cara vertical de la roca y desde allí comenzaron a descender. En su bajada dieron con un único arbusto, y debajo de este con excrementos frescos de algún insecto enorme, preguntándose aquellos hombres de donde podían provenir tales deposiciones. Lo único que podían hacer era esperar la noche y volver a subir con linternas y cámaras para ver si lograban dar con los propietarios de esos excrementos. Así lo acordaron Nick Carlile y un guardabosques local llamado Dean Hiscox. Llegada la oscuridad y con la ayuda de las linternas escalaron la pared y llegaron hasta la planta. Y allí, hallaron dos grandes cuerpos negros brillantes. Y por debajo de ellos, más cuerpos, hasta formar un total de 24. 

Patrick Honan holds two of the rare Lord Howe Island stick insects.

Nick Carlile comentó que al verlos se había sentido como retrocediendo a la era jurásica, cuando los insectos dominaban La Tierra. Tiempo después fueron confirmados como Dryococelus australis, los últimos que quedaban en la Pirámide de Ball y los últimos que quedaban en todo el mundo. No se sabe cómo llegaron allí. Tal vez lo trajeron los pescadores o hicieron autostop montados en aves. Y desde luego nadie se explica cómo han podido sobrevivir en tan reducido hábitat vegetal durante tanto tiempo. Ante tan escasa población tocaba intentar conseguir algunos ejemplares y comenzar un programa de cría.

Cuando quedan tan pocos individuos de una especie, los científicos no pueden ni deben tomar una decisión a la ligera. Hubo reuniones, y finalmente tras dos años se permitió recuperar dos parejas. Al regresar el equipo para recogerlas vieron que se había producido un deslizamiento de rocas y el temor de que toda la población de insectos palo hubiese sido aniquilada se adueñó de ellos. Pero finalmente, en el día de San Valentín de 2003, comprobaron que los animales seguían allí con vida.

The Lord Howe Island stick insect, Dryococelus australis, once believed to be extinct, was found living under a small shrub high up Ball's Pyramid in 2001.

Una pareja fue llevada a un conocido criador de insectos palo de Sydney, pero esta falleció. Sólo quedaba la otra pareja, bautizada como Adán y Eva, que fue enviada el zoo de Melbourne, donde en el grupo de reproducción para la conservación de invertebrados se encontraba Patrick Honan. Todo iba de maravilla, y Eva comenzó a colocar huevos del tamaño de guisantes, hasta que ella enfermó. Patrick trabajó muy duro para recuperarla y a la desesperada inventó una mezcla de calcio y néctar con la que, gota a gota, la alimentaba acurrucada en su mano. Sorprendentemente, en un par de horas dejó de parecer que estaba casi muerta para ponerse en pie y caminar.

Años después, en 2008, la famosa primatóloga Jane Goodall visitó a Patrick y este le mostró orgulloso sus numerosas filas de huevos en incubación, con nada menos que 11376, además de una población cautiva de 700 adultos. Lo más curioso de todo era que los animales parecían emparejarse, siendo este un comportamiento inusual en insectos. Hasta Patrick le mostró a Goodall fotos de cómo dormían en parejas, y el macho con tres de sus patas colocadas sobre la hembra, de una manera protectora. 

Nick Carlile, seen here with the Lord Howe Island stick insect, discovered the thought-to-be extinct phasmid in 2001 on Ball's Pyramid.

Con la viabilidad de la especie asegurada, al menos mucho más que cuando se dio con ella claro está, lo ideal sería reintroducir a estos animales en la isla de Lord Howe. Pero el primer inconveniente es que las ratas siguen allí, y montar un programa intensivo para erradicarlas sería muy caro. Dado que Lord Howe pertenece a Australia, conviene recordar que este país está muy por detrás en los niveles de financiación necesarios para evitar la pérdida de biodiversidad, a pesar de ser un país muy especial y rico en esta. Por otra parte, no se sabe hasta qué punto algunos habitantes estarían cómodos con unos invertebrados tan enormes, pues recordemos también que la clase de los insectos, y menos los de este tipo, no cuenta con el agrado de la mayoría de personas, por muy inofensivos que sean.  



Fuente principal: http://www.npr.org/blogs/krulwich/2012/02/24/147367644/six-legged-giant-finds-secret-hideaway-hides-for-80-years