Sin duda alguna, esta es una de las rutas más duras de las que he realizado. No sólo por el largo recorrido y las altas temperaturas de la jornada, sino por la dejadez que padece toda la zona. Y eso que gran parte se encuentra en una finca privada.
Partes de los senderos han sido borrados por deslizamientos de tierra que se han venido produciendo durante años sin que nadie haya intervenido.
Todo empeorado por tantos árboles caídos que nos encontrábamos por el camino debido al duro invierno que hemos padecido.
Sólo las maravillosas vistas que encontramos en lo más alto, desde donde se puede ver la Bahía de Algeciras, La Silla del Papa, Sierra de las Nieves o los acantilados de Barbate entre otros, nos hacen olvidar todo esto y centrarnos en semejante espectáculo.


















































