miércoles, 6 de mayo de 2015

Mariposario de Benalmádena

Si eres un apasionado de los lepidópteros, una buena oportunidad para poder observar especies exóticas sin la necesidad de recorrer el mundo es acercarse al Mariposario de Benalmádena, en Málaga.



El recinto, que en realidad es un templo tailandés, cuenta con unas excelentes instalaciones que recrean lo que sería una selva tropical, ideal para las mariposas que dentro se encuentran. Estas vuelan a sus anchas siendo generalmente muy fáciles de fotografiar, ya que están acostumbradas a las personas. Lógicamente el visitante no puede tocarlas, pero a veces son ellas son las que vienen y se posan sobre ti.



El grupo más abundante es el de las mariposas diurnas, haciendo gala de un auténtico festival de colores. Da igual las veces que las veas, nunca te cansas de contemplarlas. 

Heliconius charitonius




Parides iphidamas

Morpho peleides

Papilio palinurus con un ala tocada

Especial lugar ocupan las mariposas nocturnas, representadas por dos notables especies. La primera es Samia ricini, originaria de Asia.

Samia ricini

Agrupación de S. ricini, las cuales al ser nocturnas reposan durante el día. 

Una hilera de S. ricini

La segunda sin duda alguna es la estrella del templo: Attacus atlas, citada a veces como la mariposa más grande del mundo, originaria también de Asia. Descansando prácticamente inmóvil, los visitantes tienden a creer que no son reales. Esta de la foto llevaba unas 24 horas fuera de la pupa sobre la que todavía seguía aferrada. Vivirá aproximadamente una semana.

Attacus atlas

El lugar además es muy didáctico, tanto para niños como para adultos. Allí puede observarse el ciclo de vida de los lepidópteros, desde la reproducción hasta la emergencia, pasando por la alimentación.

Dryas iulia

Idea leuconoe

Emergencia de Caligo memnon


Orugas

El recinto además cuenta con la presencia de otros animales muy singulares, como un ualabí, tortugas, iguanas, camaleones y peces koi.








En definitiva un lugar de recomendada visita, tanto para los aficionados a las mariposas como para los amantes de la naturaleza en general.


martes, 28 de abril de 2015

Los Sentineleses; la tribu detenida en el tiempo

Imagina que tú y toda tu familia, incluyendo toda clase de parientes, habéis vivido aislados en una isla desde hace miles de años. ¿Cómo os las habríais arreglado para perdurar hasta nuestros días? Se lo podríamos preguntar a los sentineleses, si no fuese porque, no sin razón, tanto nosotros como todo el mundo exterior les pone muy violentos.

Resulta que en la Bahía de Bengala existe un archipiélago en el que se halla la isla Sentinel del Norte, en la cual habita una sociedad indígena que prácticamente vive en el Paleolítico.  Se cree que podrían haber llegado allí hace unos 60.000 años desde África, y desde entonces apenas han tenido contacto con el exterior.

Isla de North Sentinel en una imagen de la NASA/Wikipedia

La primera referencia conocida sobre sus habitantes procede de Marco Polo que en el siglo XIII escribía: “Si un extranjero llega a sus dominios este será rápidamente muerto y después comido”. No obstante no hay forma de asegurar que los sentineleses practiquen el canibalismo. Posteriormente, ya en el siglo XVIII, el explorador británico John Ritchie tras cartografiar los alrededores de la isla habla de que esa tierra debe estar bien habitada, en base a las numerosas luces que en la noche se veían en la costa. Esta cita podría ser motivo de debate ya que sobre estos nativos se suele asegurar que no hacen uso del fuego.

Tuvo que pasar más de un siglo para que se registrara el primer contacto con el hombre blanco. Fue una expedición dirigida por M.V. Portman la que desembarcó en 1880 en la isla. La empresa llevaba consigo a varios nativos de islas vecinas que avisaron de la hostilidad de los sentineleses. En realidad no se sabe mucho de este acercamiento, solo que fue un fracaso ya que los locales huyeron a refugiarse entre la espesura vegetal. Por ello tal vez no podamos hablar de un contacto real.

El siguiente acercamiento conocido, también por Portman en el año 1886, terminó de la misma manera, con los sentineleses otra vez escondidos. Nueve años después el británico volvió a desembarcar en la isla llevando consigo a un supuesto sentinelés que, habiendo dejado su tierra en canoa años atrás, se había criado con los Onges de las islas Quince. Finalmente dieron con algunos habitantes que navegaban en canoa cerca de la punta noroeste. Tanto el sentinelés que viajaba con Portman como algunos Onges que también le acompañaron intentaron entablar relaciones mediante llamadas, pero los escurridizos habitantes mostraron signos de miedo y hostilidad. Para no provocar males mayores el grupo expedicionario decidió abandonar la isla y regresar.

Foto: Christian Caron-Survival International

El siguiente encuentro entre blancos y sentineleses terminó aún peor. En 1896 tres reclusos escaparon de Port Blair llegando hasta Sentinel del Norte. Dos de ellos se ahogaron entre los arrecifes que rodean la isla, pero el superviviente no corrió mejor suerte. Fue asesinado por los locales y su cuerpo abandonado en la playa, que fue luego recuperado por un barco británico que lo encontró.

A lo largo del siglo XX los encuentros conocidos han sido muy escasos. Lo cierto es que además de sus malhumorados guerreros la llegada a la isla se ve dificultada por unas bravas e impredecibles aguas y un casi impenetrable muro de peligrosos arrecifes coralinos. Este hándicap hace que durante la mayor parte del año la isla sea inaccesible, y cuando lo es, tampoco sea fácil llegar hasta ella. Por ello los marineros la han conocido y temido desde siempre.

Fue finalmente en la segunda mitad del siglo XX cuando la isla comenzó a llamar la atención de los antropólogos e investigadores. El 29 de marzo de 1970 un equipo de antropólogos indios con T. N. Pandit entre ellos se desplazó hasta aquella tierra paralizada en el tiempo. Ofrecieron pescado a los nativos arrojándolo desde una embarcación. Sin dejar de lado su conocida hostilidad algunos nativos lo recogieron mientras emitían gritos. Los miembros de la expedición les respondieron con gestos de amistad, pero la tensión seguía latente. Entonces ocurrió algo muy extraño: las mujeres empezaron a agarrar a los guerreros y comenzaron a abrazarse apasionadamente sobre la arena. Después de un rato esta fogosidad fue disminuyendo hasta retirarse las parejas hacia el interior de la jungla. No obstante algunos guerreros siguieron vigilando a aquellos extraños. Los investigadores arrojaron algo más de pescado que fue recogido por algunos jóvenes, hasta que todos se retiraron.

Un sentinelés agradece a su manera los regalos 
que los extranjeros les han dejado

La siguiente conexión acabaría en desastre. En la primavera de 1974 un equipo de antropólogos, en el que se incluían policías armados y un fotógrafo de National Geographic, se disponía a realizar un documental en la isla, que se titularía “Man in search of Man”. Cuando la lancha consiguió abrirse paso entre los arrecifes, rápidamente y de la nada apareció un grupo de nativos. A pesar de intentar evitarlo mediante gestos amistosos, los sentineleses les respondieron con una lluvia de flechas. Cuando la lancha se alejó de esa zona a una más segura desembarcaron y dejaron unos desacertados regalos en la arena: algunos cocos, un cerdo vivo atado, un pequeño coche de plástico, una muñeca y papel de aluminio. Tras volver a la lancha esperaron para ver la reacción de los isleños. Y otra tanda de flechas fue lo que recibieron, alcanzando una de ellas al director del documental en el muslo izquierdo. El nativo que hirió al director se sentó sonriente y orgulloso a la sombra de un árbol, y poco tiempo después sus camaradas se retiraban llevándose consigo solo los cocos y el papel de aluminio.

También en 1974 se intentó un encuentro más, esta vez trayendo a 3 nativos Onge, que entre el pánico de estos y la inamovible hostilidad de los sentineleses resultó infructuoso. No se pudo siquiera saber si los isleños entendían los mensajes de amistad que a través de un altavoz emitían los Onge. Un año después hasta el exiliado rey de Bélgica Leopoldo III tuvo su contacto  a una distancia segura mientras navegaba en un crucero nocturno por las aguas de la isla.

Cambiando de maniobra, con repetitivas expediciones y regalos como alimentos, en la década de los 90 los científicos finalmente lograron que los sentineleses se habituaran a sus viajes. De esta manera pudieron filmarlos, y sin ningún peligro, recogiendo los regalos.

Una filmación de la tribu realizada en los años 90

Pero entonces las voces críticas se alzaron contra estos avances. Lo que todo ello lograría sería una dependencia de los sentineleses hacia el mundo exterior, cuando por sí solos se las habían apañado durante tantísimo tiempo. Por todo esto los contactos cesaron de inmediato.

Al producirse el tsunami de 2004 en la costa asiática se encendieron todas las alarmas. ¿Habrían sobrevivido los primitivos hombres a semejante catástrofe? Tres días después del desastre un helicóptero sobrevoló la isla en busca de supervivientes. Cuando los tripulantes del pájaro de hierro divisaron a un guerrero disparándole flechas y otros tirándoles piedras, pudieron respirar aliviados. En realidad no sabe qué población más o menos exacta de habitantes hay en la isla, ni hasta qué punto el tsunami de 2004 pudo afectar a esta.

Un sentinelés dispara con su arco al helicóptero que tras el tsunami 
de 2004 sobrevoló la isla en busca de supervivientes. 
Foto: Indian Coast Guard /AP

Hasta el día de hoy los sentineleses mantienen su ancestral esencia de cazadores-recolectores. Habitan en refugios muy simples o más elaborados con pisos elevados. Saben aprovechar los materiales que ausentes en la isla les suele traer la marea, como por ejemplo el hierro con el que fabrican sus armas y otros artículos. Y también siguen manteniendo la hostilidad que en gran parte les ha hecho populares: en 2006 le quitaron la vida a dos pescadores ilegales que llegaron hasta sus dominios.


Fuentes:
- http://lacienciaysusdemonios.com/2010/07/24/los-irreductibles-de-north-sentinel-island-la-sociedad-humana-mas-aislada-del-planeta/
- Wikipedia

miércoles, 8 de abril de 2015

El monstruo con mandíbulas y el golem

Si había una ilustración que hacía virguerías en la mente de mi más temprana edad esa era ésta:


Pertenece a un tomo de la colección Dungeons & Dragons: Aventura sin fin”, concretamente al título “El Tesoro del Rey” del año 1986. La poderosa criatura con mandíbulas en la boca está a punto de entablar un combate con un guerrero como de piedra que únicamente deja ver la parte posterior de su cuerpo. Según el libro en realidad son dos seres que van cambiando de forma, siendo anteriormente el monstruo con mandíbulas un dragón rojo y el otro un budín negro que acabaría transformado en un golem pétreo de tres metros de altura.


Ahora la veo y pienso que tampoco era nada del otro mundo. Pero de niño para mí resultaba increíble. Me encantaba llegar del colegio (y en cualquier momento en verdad) y abrir el libro hasta dar con tan deseada imagen, visualizarla una y otra vez, y las veces que hiciera falta. Quizás, como el resto de los mortales, cuanto más mayor me hago, más me va abandonando la fantasía… No obstante, jamás en toda mi vida he querido estar más equivocado. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Los últimos mohicanos de la Pirámide de Ball

Como bien indico en mi postrero trabajo “El libro de los últimos animales extintos”, el redescubrimiento de especies creídas extintas es más habitual de lo que podamos llegar a pensar. A un emblema de este agradable tipo de acontecimientos como el takahe, o a otras aves como el calao grande de Panay o el mochuelo de Blewitt, podemos sumar a otra volátil más, el timalí de Jerdon, que había sido visto por última vez en 1941. Denominado científicamente como Chrysomma altirostre, ha sido redescubierto por un equipo de científicos del Wildlife Conservation Society (WCS) mientras examinaba unas zonas de cultivo abandonadas en Myanmar, gracias a la llamada emitida por el ave. 

Timalí de Jerdon
El timalí de Jerdon redescubierto. Foto: Robert Tizard/WCS - Europa Press

En las investigaciones para mi citada obra, donde como ya he comentado trato el tema del redescubrimiento de especies creídas desaparecidas, pasé por alto un caso no tan actual como el del ave de Myanmar, pero que me ha parecido tremendamente fascinante.

En la inmensidad del Pacífico Sur asoma una pequeña parte de lo que fue un antiguo volcán que emergió del mar hace unos 7 millones de años. Se trata de un solitario pedazo de tierra firme, extremadamente estrecho, de 1844 metros de altura. Los navegantes lo conocen como Pirámide de Ball, nombre que proviene de su peculiar forma y de su descubridor, un oficial naval británico que por tanto fue el primer europeo en divisarlo en 1788. Esta isla, que bien podría pertenecer a un mundo sacado de la literatura fantástica, acabaría llamando la atención de la zoología mundial. 

Ball's Pyramid in the Tasman sea is located 19 kilometers from Lord Howe Island east of Australia.

A unos 13 km de este lugar se encuentra la Isla de Lord Howe, la cual tenía el triste placer de conocer por la extinción de dos aves: la paloma de garganta blanca y la gallineta blanca. Pero no solo desaparecieron allí un par de volátiles, sino también un insecto palo que sin duda era popular por sus dimensiones. Con sus 12 centímetros de largo se trataba del insecto palo no volador más pesado del mundo, el cual los pescadores locales utilizaban como cebo colocándolo en los anzuelos de pesca.

Resulta que un buen día de 1918 el buque británico S.S. Makambo naufragó en Lord Howe, y mientras reparaban el barco (proceso que llevo unos 9 días) algunas ratas negras se las apañaron para llegar hasta la isla donde se instalaron. Allí descubrieron una nueva y deliciosa comida: los insectos palo gigantes. Tan solo dos años después de tal infortunio, las ratas abundaban en la isla, y los titánicos invertebrados habían desaparecido totalmente. Después de 1920 no hubo ningún avistamiento más, y para 1960 Dryococelus australis, el insecto palo de Lord Howe, se certificaba como extinto. 

A satellite view of Ball's Pyramid in the Tasman Sea off the eastern coast of Australia.
Imagen captada por satélite de la Pirámide de Ball,
situada en el Mar de Tasmania 

Cuando en la misma década de 1960 algunos escaladores que llegaron a la Pirámide de Ball dijeron haberse encontrado con cadáveres de insecto palo en las rocas que parecían recientemente muertos, el maravilloso secreto que, a 225 metros sobre el nivel del mar y sobre un pequeño arbusto, la diminuta isla había guardado durante tanto tiempo, había comenzado a desvelarse. Pero como la que podría ser la especie creída extinta era nocturna, nadie se había atrevido a llegar hasta allí y escalar de noche debido a lo peligroso de la tarea.

Hasta 2001, cuando a tal escenario se desplazaron los científicos David Priddel y Nicholas Carlile acompañados de dos ayudantes. Desde el agua divisaron dos manchas de vegetación, y descartando nadar debido a que había demasiados tiburones, aunque hubiese sido lo más rápido y sencillo, consiguieron llegar a la isla. Se desplazaron a lo más alto de la cara vertical de la roca y desde allí comenzaron a descender. En su bajada dieron con un único arbusto, y debajo de este con excrementos frescos de algún insecto enorme, preguntándose aquellos hombres de donde podían provenir tales deposiciones. Lo único que podían hacer era esperar la noche y volver a subir con linternas y cámaras para ver si lograban dar con los propietarios de esos excrementos. Así lo acordaron Nick Carlile y un guardabosques local llamado Dean Hiscox. Llegada la oscuridad y con la ayuda de las linternas escalaron la pared y llegaron hasta la planta. Y allí, hallaron dos grandes cuerpos negros brillantes. Y por debajo de ellos, más cuerpos, hasta formar un total de 24. 

Patrick Honan holds two of the rare Lord Howe Island stick insects.

Nick Carlile comentó que al verlos se había sentido como retrocediendo a la era jurásica, cuando los insectos dominaban La Tierra. Tiempo después fueron confirmados como Dryococelus australis, los últimos que quedaban en la Pirámide de Ball y los últimos que quedaban en todo el mundo. No se sabe cómo llegaron allí. Tal vez lo trajeron los pescadores o hicieron autostop montados en aves. Y desde luego nadie se explica cómo han podido sobrevivir en tan reducido hábitat vegetal durante tanto tiempo. Ante tan escasa población tocaba intentar conseguir algunos ejemplares y comenzar un programa de cría.

Cuando quedan tan pocos individuos de una especie, los científicos no pueden ni deben tomar una decisión a la ligera. Hubo reuniones, y finalmente tras dos años se permitió recuperar dos parejas. Al regresar el equipo para recogerlas vieron que se había producido un deslizamiento de rocas y el temor de que toda la población de insectos palo hubiese sido aniquilada se adueñó de ellos. Pero finalmente, en el día de San Valentín de 2003, comprobaron que los animales seguían allí con vida.

The Lord Howe Island stick insect, Dryococelus australis, once believed to be extinct, was found living under a small shrub high up Ball's Pyramid in 2001.

Una pareja fue llevada a un conocido criador de insectos palo de Sydney, pero esta falleció. Sólo quedaba la otra pareja, bautizada como Adán y Eva, que fue enviada el zoo de Melbourne, donde en el grupo de reproducción para la conservación de invertebrados se encontraba Patrick Honan. Todo iba de maravilla, y Eva comenzó a colocar huevos del tamaño de guisantes, hasta que ella enfermó. Patrick trabajó muy duro para recuperarla y a la desesperada inventó una mezcla de calcio y néctar con la que, gota a gota, la alimentaba acurrucada en su mano. Sorprendentemente, en un par de horas dejó de parecer que estaba casi muerta para ponerse en pie y caminar.

Años después, en 2008, la famosa primatóloga Jane Goodall visitó a Patrick y este le mostró orgulloso sus numerosas filas de huevos en incubación, con nada menos que 11376, además de una población cautiva de 700 adultos. Lo más curioso de todo era que los animales parecían emparejarse, siendo este un comportamiento inusual en insectos. Hasta Patrick le mostró a Goodall fotos de cómo dormían en parejas, y el macho con tres de sus patas colocadas sobre la hembra, de una manera protectora. 

Nick Carlile, seen here with the Lord Howe Island stick insect, discovered the thought-to-be extinct phasmid in 2001 on Ball's Pyramid.

Con la viabilidad de la especie asegurada, al menos mucho más que cuando se dio con ella claro está, lo ideal sería reintroducir a estos animales en la isla de Lord Howe. Pero el primer inconveniente es que las ratas siguen allí, y montar un programa intensivo para erradicarlas sería muy caro. Dado que Lord Howe pertenece a Australia, conviene recordar que este país está muy por detrás en los niveles de financiación necesarios para evitar la pérdida de biodiversidad, a pesar de ser un país muy especial y rico en esta. Por otra parte, no se sabe hasta qué punto algunos habitantes estarían cómodos con unos invertebrados tan enormes, pues recordemos también que la clase de los insectos, y menos los de este tipo, no cuenta con el agrado de la mayoría de personas, por muy inofensivos que sean.  



Fuente principal: http://www.npr.org/blogs/krulwich/2012/02/24/147367644/six-legged-giant-finds-secret-hideaway-hides-for-80-years

domingo, 8 de febrero de 2015


El Kelpie

Dicen que los kelpies, caballos acuáticos de los ríos escoceses, pueden aparecer en forma humana o equina. Como humanos, dejan el líquido elemento y se presentan con la figura de una persona peluda y desgarbada, que espera a que pase alguien a caballo para saltar con rapidez a su grupa. La manera que tiene el aterrado y desconcertado jinete de sentir a su inesperado pasajero es mediante dos brazos peludos que le rodean y aprietan en un abrazo mortal. De esta manera pierde el control sobre el équido, que galopa salvajemente a lo largo de la orilla, hasta que el kelpie cansado del juego vuelve a saltar al agua.


Cuando el kelpie se deja ver en forma equina, lo hace como un maravilloso corcel que espera junto al camino a que pase un caminante cansado. Si el viandante es tan imprudente de montarlo, el kelpie se lanza al río, nada hasta la parte más profunda y se esfuma. Habrá entonces que compadecer al incauto jinete si este no sabe nadar…

Pero no crean que siempre el kelpie se sale con la suya. El que sea conocedor de su naturaleza puede llevar una brida (elemento usado en el arte ecuestre) corriente y cuando vea al fabuloso ser acuático, saltar sobre su lomo y cambiarle rápidamente una brida por otra. Así podrá obligar al kelpie a trabajar para él, pudiendo además hacer uso de la brida para la magia. No es conveniente sin embargo conservar al kelpie y su brida por mucho tiempo, ni hacerle trabajar en exceso, pues podría maldecir a su captor y a toda su descendencia hasta el fin de los días.


También cuentan que los kelpies devoran seres humanos, pero lo más seguro es que lo estén confundiendo con los Ech-Ushkya, que si se sabe que comen personas. Lo hacen primero apareciendo como espléndidos caballos, fáciles de montar y llevar, pero no pudiendo aquel que lo haga desmontarlo después. Luego el Ech-Ushkya galopará con su víctima hacia el lago, y solo a la mañana siguiente, cuando algunos fragmentos de su cuerpo aparezcan flotando en la orilla, podrá certificarse su ya sabido destino.

Si viajan hasta Escocia, podrán saber que un kelpie no anda lejos por su costumbre de aullar fuertemente antes de las tormentas. Y si lo oyen y quieren verlo, quédense en el lugar, no se muevan de allí, esperen a que la tormenta llegue, y lo divisarán galopando sobre la superficie del agua.


Fuente: Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, de Michael Page y Robert Ingpen.

martes, 23 de diciembre de 2014

El montaraz y sus lobos. Sobre el increíble Marcos Pantoja

El pasado domingo el programa Cuarto Milenio nos deleitó con uno de esos momentos mágicos que ya tanto escasean en la caja tonta. La historia de Marcos Rodríguez Pantoja para mí no era nueva, pero siempre será un placer volverla a oír una y otra vez, las veces que haga falta. Escuchar a un hombre que pasó 13 años de su vida perdido en Sierra Morena y viviendo entre lobos se convierte en un auténtico deleite para los que de verdad amamos la naturaleza.

Comenzando por el final de la entrevista me pareció curioso que una persona como él dijera algo que yo también pienso, pero que, dado que la gente está cada vez más tocada de la cabeza con las mascotas, muchas veces prefiero no comentar: “La mitad de los perros de hoy no son perros. Hay perros que están locos perdíos, y es por culpa del hombre”, decía el buen invitado. Con esto voy a intentar ser lo más claro posible. Es evidente que muchas de las razas actuales están tan castigadas genéticamente que, tanto su famosa inteligencia como sus facultades mentales, están cada vez más trastocadas, al mismo tiempo que llegan a padecer enfermedades degenerativas que no hacen nada fácil su vida. Y esto claramente no es culpa de estos pobres animales, sino nuestra.


Hubo otros momentos que casi provocaron en mí un nudo en la garganta. Uno de ellos fue cuando Iker le preguntó a Marcos si echaba de menos a los lobos, vivir entre ellos, a lo que el emocionado hombre solo pudo responderle que ahí le había tocado la fibra… Imagino la de noches en vela que habría pasado, ya a su edad, recordando en lo posible todo lo vivido con la que de verdad había sido su familia.

Otro momento en realidad puede decirse que se compone de varios: el que había sido un hombre montaraz hacía hincapié en diferentes etapas de la entrevista en que tras ser encontrado y a la largo de su vida, le gente no había hecho más que burlarse de él. Ello, más que un nudo, provocó en mí tristeza y rabia, impotencia al recordar la maldad y el poco tacto de la que hace gala nuestra sociedad, dando exactamente igual en la época que nos encontremos. Y es que cuando, como me dijo mi pareja, todos teníamos que estar a sus pies por lo impresionante de su historia, la realidad es que, para la mayoría de personas, el que un ser humano de tan solo 6 años hubiese sobrevivido hasta los 19 a la naturaleza más profunda gracias a los lobos no parece algo importante ni a tener en cuenta, sino más bien una oportunidad para mofarse de un salvaje, atacar a un hombre analfabeto (¿en realidad es él el analfabeto?) que no sabía nada del mundo en el que ahora vivía.


Y entonces comprendí lo terriblemente duro que debe ser tener que ser “rescatado” de las garras del mundo natural y enfrentarse a una sociedad para la que generalmente solo existe el follar, el comer y el cagar. Por ello, no es de locos pensar que, tal vez, lo peor que le pudo a pasar a Marcos es que a sus dos décadas de edad el mundo civilizado hubiese dado con él.